Cómo volvernos sustentables?

Una canción a coro y un «Te amo tía» de final.

Unos escarpines para calentar los pies en invierno

una colección de sonrisas y un almuerzo al sol.

Un coro de guau guaus y pios pios del jardín.

Todos me regalaron su tiempo en textos visuales, sonoros y sensoriales distintos, y todos, van derecho al corazón y lo acarician. Un tiempo de semillas y experiencias. De saberes diferentes. Cada uno con su arte… La cosmoconvivencia nos permite entender que cada «pio», cada fruto, cada «hola», es tan importante como nosotros, y solo podemos cosmo-convivir si apreciamos íntegramente su existencia. Seguramente cada uno tiene una pila de experiencias por ahi inter-relacionándose a cada rato. La cosa es conectar. Dale al Plug and Play.

Arte en el  Ambiente

Cuando los ambientalistas surgimos como tal, (o nos re-etiquetamos bah!) nos diferenciamos de los ecologistas, los naturalistas, y algunos istas más, entre otras cosas, por plantear la necesidad de cambiar nuestras relaciones humanas con todo lo que nos rodea, en primer lugar. La teoría antropocentrista que se había nuevamente manifestado, era que si en este planeta las cosas las tenemos que hacer de alguna otra forma, estos cambios deberían ser primariamente llevados a cabo por la humanidad y sus formas de relacionarse con el entorno. La famosa incidencia antrópica se manifestaba como la variable más importante a modificar en la compleja relación entre la sociedad y la naturaleza, dando lugar a una definición de ambiente más sistémica.  Ahondemos un poco en este concepto.

Según Eloísa Tréllez, reconocida Educadora Ambiental latinoamericana, el término AMBIENTE implica:

“una concepción dinámica, cuyos elementos básicos son una población humana con elementos sociales, un entorno geográfico con elementos naturales y una infinita gama de interacciones entre ambos elementos. Para completar el concepto hay que considerar, además, un espacio y tiempo determinados, en los cuales se manifiestan los efectos de estas interacciones”[1]

Una población humana, en un entorno de espacio y tiempo determinado, con un conjunto de relaciones que realiza de cierta forma y que debería, en teoría, cambiar un poco, para volverse más sustentable. Sostener ese “asunto” llamado vida, ni más ni menos, que debe compartir, equilibrar, con los otros elementos de la Naturaleza, del ambiente, de lo urbano, en fin, porque si no, la cuestión ambiental se desequilibra, se va al tacho.

Ahora, cuando hablamos de cambios, ¿cómo deberíamos hacerlos? ¿Qué cosas cambiamos? ¿Cuál es nuestra capacidad de cambio, cuando ni siquiera nos imaginamos que compleja cuestión tiene que cambiar y cómo? En los cambios planteados en los últimos años – reciclar los residuos, generar energía de fuentes renovables, contaminar menos, por ejemplo – ¿se ha avanzado en volver más sustentable al planeta? En lo personal creo que ha sido insuficiente el envión. Creo que estos conceptos –ambiente, sustentabilidad, incidencia antrópica – que se encuentran lejos de definirse como simples, y que comparten la complejidad de percibirse, definirse y muchas veces entenderse de muy diversas formas, no poseen una única definición, una única solución, un único entendimiento. ¡Qué bueno sería! Son una especie de polimorfismos de sistemas infinitos, que bien podríamos darle una forma –igual de compleja, como un toroide ambiental por ejemplo- , pero que están bastante lejos de definir algo.   

Podemos empezar por un coro de tiempos de regalo

Un llamado a tu abu.

Un poco de agua en la casa de las torcazas.

Una receta con plantas de tu huerta. ¿Cual es tu preferida? Contanos!


[1][1] TRÉLLEZ SOLÍS, Eloísa. (2002). La Educación Ambiental Comunitaria y la prospectiva: una alianza de futuro. En Revista Tópicos en Educación Ambiental, vol. 4 nro. 10. Universidad de Guadalajara, México.